Entrega extra en el blog esta semana, no obedece a ninguna
razón en especial, o tal vez sí, mañana nos enfrentamos a un rival con mayoría
de jugadoras que estuvieron en este club la pasada temporada, viejas conocidas
y que pasaron dos temporadas disputando partidos con la equipación de Distrito
Olímpico y que consiguieron en sendas campañas la clasificación para los
playoffs, situación en la que nosotras estamos ahora mismo fuera.
¿Y por qué se fueron? Cada una tendrá sus razones y en
algunos casos me fueron explicadas y en otras no fue necesario porque
sencillamente querían abandonar la disciplina de aquí para buscar la de allí,
algo más que lícito en un mundo donde cada uno y una debe moverse según sus
intenciones.
Siempre he intentado ser claro con cada una de mis jugadoras
o con aquella que haya tenido intención de entrar en el equipo, jamás las
engañaría en beneficio propio porque no va con mi carácter y por eso recuerdo
conversaciones vividas allá por el mes de junio en el que expliqué a cada una
de las integrantes de esa plantilla de 12 jugadoras de la que finalmente sólo se
comprometieron 4, cuáles eran mis
intenciones, sin ambages y sin medias tintas, los días que íbamos a entrenar,
las horas que teníamos que llenar, los esfuerzos que iba a exigir y el
compromiso que todas teníamos que tener, eso fue así, en primer lugar con las
que estaban de la temporada que acababa de terminar, como con todas las que han
ido llegando, unas aceptaron y otras no. Al día de hoy creo que no he engañado
a ninguna de lo que les estoy pidiendo.
De todas las conversaciones tenidas, hubo una que me marcó
especialmente, una noche tras un entreno, ocupó aproximadamente una hora y tuvo
lugar con dos jugadoras, quizás mi psicología no fue muy buena pero mi convicción
sí lo era, ahí se me dijeron cosas como que no sabía en qué liga me metía y que
no podía pedir todo lo que pedía en compromiso y tiempo, que las jugadoras que
iba a tratar (genéricamente hablando) ya no tenían esa ilusión por mejorar y
que veían esta competición como una forma de ocupar su tiempo y de hacer algo
de deporte más allá del “hambre” que puede haber en otras categorías inferiores
como de donde venía, la junior, en resumidas cuentas que vivía una especie de
utopía para la realidad que me esperaba.
Me mantuve fuerte y sin concesiones, les dije que no iba a
cambiar nada de lo que tenía planificado, la decisión era suya, yo contaba con
ellas y ellas tenían que comprometerse en los términos descritos, punto y final,
una renunció a la semana siguiente, la otra lo hizo al final del verano,
jugadoras muy válidas que se fueron al rival que nos espera mañana, ¿hice mal? Yo
estoy convencido que no, aunque al día de hoy, viendo resultados, ellas
pensaran lo contrario o, por lo menos, yo sí lo haría.
Durante esta semana han vuelto a surgir dudas parecidas y
que me reavivaron el tema, alguien externo al equipo me preguntó si a lo mejor
es que este grupo no estaba acostumbrado a tanto entreno y eso lo estábamos
pagando, también han surgido preguntas sobre si hay demasiada carga y, como ya dije en el artículo anterior, estamos
en el tiempo de dudas cuando las cosas no salen como todos las queremos.
La respuesta es la misma que en aquel lejano ya mes de
junio, no voy a cambiar en lo que creo, o aludiendo al título del artículo, no puedo ser lo que no soy, de lo contrario, no estaría, si sale
mal, será MI fracaso, si sale bien, será NUESTRO éxito y, mientras llega la
fecha de hacer valoraciones, no antes, seguiremos buscando la entrada a Delfos
con nuestra próxima parada en el colegio Joyfe.
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