sábado, 12 de noviembre de 2011

NO SE PUEDE SER LO QUE NO SE ES


Entrega extra en el blog esta semana, no obedece a ninguna razón en especial, o tal vez sí, mañana nos enfrentamos a un rival con mayoría de jugadoras que estuvieron en este club la pasada temporada, viejas conocidas y que pasaron dos temporadas disputando partidos con la equipación de Distrito Olímpico y que consiguieron en sendas campañas la clasificación para los playoffs, situación en la que nosotras estamos ahora mismo fuera.

¿Y por qué se fueron? Cada una tendrá sus razones y en algunos casos me fueron explicadas y en otras no fue necesario porque sencillamente querían abandonar la disciplina de aquí para buscar la de allí, algo más que lícito en un mundo donde cada uno y una debe moverse según sus intenciones.

Siempre he intentado ser claro con cada una de mis jugadoras o con aquella que haya tenido intención de entrar en el equipo, jamás las engañaría en beneficio propio porque no va con mi carácter y por eso recuerdo conversaciones vividas allá por el mes de junio en el que expliqué a cada una de las integrantes de esa plantilla de 12 jugadoras de la que finalmente sólo se comprometieron 4,  cuáles eran mis intenciones, sin ambages y sin medias tintas, los días que íbamos a entrenar, las horas que teníamos que llenar, los esfuerzos que iba a exigir y el compromiso que todas teníamos que tener, eso fue así, en primer lugar con las que estaban de la temporada que acababa de terminar, como con todas las que han ido llegando, unas aceptaron y otras no. Al día de hoy creo que no he engañado a ninguna de lo que les estoy pidiendo.

De todas las conversaciones tenidas, hubo una que me marcó especialmente, una noche tras un entreno, ocupó aproximadamente una hora y tuvo lugar con dos jugadoras, quizás mi psicología no fue muy buena pero mi convicción sí lo era, ahí se me dijeron cosas como que no sabía en qué liga me metía y que no podía pedir todo lo que pedía en compromiso y tiempo, que las jugadoras que iba a tratar (genéricamente hablando) ya no tenían esa ilusión por mejorar y que veían esta competición como una forma de ocupar su tiempo y de hacer algo de deporte más allá del “hambre” que puede haber en otras categorías inferiores como de donde venía, la junior, en resumidas cuentas que vivía una especie de utopía para la realidad que me esperaba.

Me mantuve fuerte y sin concesiones, les dije que no iba a cambiar nada de lo que tenía planificado, la decisión era suya, yo contaba con ellas y ellas tenían que comprometerse en los términos descritos, punto y final, una renunció a la semana siguiente, la otra lo hizo al final del verano, jugadoras muy válidas que se fueron al rival que nos espera mañana, ¿hice mal? Yo estoy convencido que no, aunque al día de hoy, viendo resultados, ellas pensaran lo contrario o, por lo menos, yo sí lo haría.

Durante esta semana han vuelto a surgir dudas parecidas y que me reavivaron el tema, alguien externo al equipo me preguntó si a lo mejor es que este grupo no estaba acostumbrado a tanto entreno y eso lo estábamos pagando, también han surgido preguntas sobre si hay demasiada carga y,  como ya dije en el artículo anterior, estamos en el tiempo de dudas cuando las cosas no salen como todos las queremos.

La respuesta es la misma que en aquel lejano ya mes de junio, no voy a cambiar en lo que creo, o aludiendo al título del artículo, no puedo ser lo que no soy, de lo contrario, no estaría, si sale mal, será MI fracaso, si sale bien, será NUESTRO éxito y, mientras llega la fecha de hacer valoraciones, no antes, seguiremos buscando la entrada a Delfos con nuestra próxima parada en el colegio Joyfe.


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