miércoles, 5 de octubre de 2011

LA FE MUEVE MONTAÑAS PERO NO SIEMPRE LAS DERRUMBA

Por fin jugamos el primer partido de liga que uno ya tenía ganas de emociones fuertes, atrás quedó la presentación en junio, la gente que vino a probar y por diversas causas no pudo estar, el verano, la pretemporada y la confección final de la plantilla, todo eso quedaba ya en segundo plano ante lo que se avecinaba, el subcampeón de la liga.

Hablar a nivel estadístico u ofrecer aspectos técnicos ya dije en su momento que no era el objetivo de este blog, sino las sensaciones que uno percibe y que siente cuando llegan ciertos momentos, y uno de ellos evidentemente era éste, el primer partido oficial de liga y en casa, con una convocatoria anterior de una hora al inicio del encuentro, tal y como mandan los cánones. Durante el inicio de esa larga hora antes de empezar te da tiempo para charlar con las compañeras, ver el encuentro de las jugadoras de categoría inferior, saludar a conocidos que han venido a ver el partido y todo lo que se quiera hasta que llega el momento de pasar al vestuario, allí entramos en nuestro santuario o en nuestro pequeño mundo y en el que sólo estamos nosotras y esas cuatro paredes que dicen tener oídos.

Siempre he creído en el poder de las palabras, aunque para que tengan efecto se necesita que el receptor esté dispuesta a recibirlas y asumirlas, por lo que mi primera charla ante ese partido no obedecía a un recordatorio prolijo de nuestro arsenal defensivo u ofensivo que creo que no hubiera servido para nada, simplemente se basó en creer en lo que estábamos trabajando con independencia del resultado final, ya fuera +20 o -20, porque el esfuerzo estaba hecho y yo lo sabía, y también quería que ellas lo supieran y que todos tuviéramos claro que esto era el comienzo de un camino que no sabemos dónde nos llevará pero que intentaremos que sea lo más recto posible.

Y en éstas, salimos de nuestro santuario, calentamos y se jugó el partido, con máxima igualdad, con errores, con fallos, pero no sin intensidad, una primera parte que terminó 25-26, baja anotación como corresponde a una pretemporada, nueva charla en el vestuario y vuelta al partido para que, sin saber exactamente porqué, ver como ellas anotaban todo lo que tiraban y nosotras no, de tal forma que el marcador se colocaba en los primeros minutos del último cuarto con un rotundo 37-53 a favor de nuestros rivales, algo que parecía ya insalvable.

Pero entonces apareció la FE EN EL EQUIPO, no sabemos de dónde vino, si es que alguna vez se había ido, y comenzamos a creer que no estaba todo perdido, que con FE EN EL EQUIPO se puede conseguir lo que quieras o como mínimo estar cerca y esa FE EN EL EQUIPO fue correspondida durante 7 minutos mágicos que puso el marcador con 51-53 a falta de 55 segundos, el resto es historia, ellas aprovecharon mejor las opciones que tuvieron y nos ganaron 51-58 pero hasta el último momento tuvimos FE EN NOSOTRAS, y lo mejor de todo, es que la gente que vino a vernos, percibió esa FE y por eso nos apoyó desde la grada.

Desgraciadamente, tal y como dice el título que antecede, la fe mueve montañas pero, en esta ocasión, no la derrumbó, pero la sensación que tuvimos fue que anduvimos cerca, algo para estar orgulloso, que no contento, porque jamás se puede salir contento de una derrota, pero eso ya lo dejaremos para explicar en otra ocasión.

Nos seguimos hablando-escribiendo, gracias a todos los que habéis llegado hasta aquí.

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